EL DIOS QUE LIBERA DE LOS "ÍDOLOS" 

Encuentro Inter-mercedario (Granada, 4 de julio 2002)
Trinidad León Martín mc
Diplomada en Trabajo Social
Dra. :en Teologia dogmática por la P. u: Gregoriana de Roma
Profesora adjunta de la Facultad de Teología de "La Cartuja ", Granada

Introducción 

¡Le pido a Dios que me libere de Dios! decía el místico del siglo XIII, Eckhart de Hochheim (nac. 1260), mejor conocido como el "Maestro Eckhart", le "pido a Dios que me libere de Dios" no es una blasfemia ni una herejía. Es el clamor del corazón que desea encontrarse con Dios y no quedarse atrapado en las muchas imágenes de Dios que lo desfiguran y lo convierten en un verdadero ídolo. 

No se trata de renegar de Dios, sino de dejar atrás, de romper con las amarras de lo religioso, que no dejan vivir la fe como entrega, que asfixian toda posible relación personal con Dios. ¡Le pido a Dios que me libere de Dios! de esas "imágenes de Dios" que oscurecen e incluso anulan la verdadera y única Imagen divina que Él mismo nos ha dado, encarnado en nuestra historia: Jesucristo y con él, el ser humano en toda su integridad. 

Teniendo, pues, esta idea de fondo, quiero reflexionar acerca del Dios que nos libera de los "ídolos" desde tres perspectivas que me parecen muy adecuadas en estos momentos y que pueden, tal vez aportar algo a la dimensión espiritual de este Encuentro Intermercedario. 

1ª La liberación del "poder" de Dios

2ª) La afirmación de la seducción divina

3ª) Algunas claves mercedarias del Dios que hace liberación 

Conviene saber en qué Dios creemos, a qué Dios nos dirigimos, con qué Dios nos relacionamos desde la fe. Como educadores y educadoras que comparten un carisma de gratuidad y redención liberadora, no resulta fácil hablar de Dios en un mundo carente, en primer lugar de una Imagen de Dios capaz de animar e iluminar los momentos más oscuros de la existencia, los más incomprensibles, pero, también de producir en el espíritu humano la capacidad de gozar, de amar y de disfrutar de lo más bello y de lo más entrañable. 

Dios, para muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo no es más que un término abstracto, inservible y Con frecuencia irritante. Lo es, así mismo, para muchos jóvenes que comparten con la Merced buena parte de su vida infantil y juvenil. ¿Cómo viven hoy el carisma de "liberación redentora" los educadores y las educadoras mercedarios/as? ¿Desde qué dimensión humana? ¿Desde qué condición existencial y religiosa?  

1. La liberación del "poder" de Dios  

Lo más importante de nuestro Credo, o por lo menos lo que aparece como primera afirmación de la fe, es la confesión en el Dios "Padre, Todopoderoso..." Esto es lo que decimos creer y esto es lo que se pretende enseñar a través de las clases de religión o en la catequesis.  

Pues bien, esta debe ser también la primera "imagen" liberada, el primer "ídolo" que la verdadera fe, la que nace de la experiencia de Jesús de Nazaret tiene que romper.  

Dios, en primer lugar, no es el "papá arregla-todo" que se nos ha transmitido desde una cierta doctrina catequético-devocional. Y muchos menos es el "señor", dueño y tirano que ejerce su arbitrio sobre la realidad terrenal, ni tampoco es el dios sádico y lejano que mira impasible la vida de los seres creados y se deleita en el sacrificio de "los más débiles, para salvar a los que sienten "todopoderosos", hechos a su "imagen y semejanza"… 

Por eso, nos preguntamos ¿de qué Dios estamos hablando cuando hablamos de Dios?  

Cómo seguir creyendo en la imagen de un Dios "Todopoderoso" que, si quisiera, podría evitar todas las catástrofes naturales que recaen, generalmente, sobre los países más pobres del mundo, todos los estúpidos accidentes que cuestan la vida de cientos de jóvenes cada fin de semana, todas las esquizofrenias y todas las violacíones y maltratos de los hombres sobre las mujeres, todos los atentados terroristas y todas las guerras. Sí Dios es "Todopoderoso" podría evitar que el traficante de drogas viva a costa de la muerte de tantas personas enganchadas a ella y, de paso podría dar un poco más de lucidez y honradez a los políticos y gobernantes de las naciones, para que, en verdad, ejerzan la justicia y trabajen por la paz y no sólo por mantenerse a toda costa en el poder... 

Mi madre no sabe leer ni escribir, pero sabe plantearme este tipo de cuestiones Y cuando lo hace, siento en su voz toda la emoción de algo que no logra comprender, porque, según le han enseñado toda la vida Dios es "Padre" y es "Todopoderoso" y ella lo cree, sin ningún tipo de dudas… 

2. La afirmación de la seducción divina  

Es obvio que estamos hablando de un Dios que no responde en absoluto a las expectativas humanas y que tampoco se deja manipular ni conquistar por nuestros intentos de soborno, más o menos explícitos, más o menos conscientes.  

Estamos hablando de un Dios que, lejos de permanecer impasible en su condición de Dios, se anonada (Flp 2, 6ss) y viene a habitar en medio de los suyos, de sus criaturas, asumiendo la condición indigente y finita que le es propia. Con una finalidad bien determinada: mostrar que esa condición está llamada a la liberación y encierra misteriosamente la condición divina eterna (GáI 4,4ss). La encarnación de Dios en la historia está en contra de los ídolos fabricados por nuestras manos, pero, sobre todo, por nuestra religiosidad.  

Los ídolos se definen y pretenden imponer su fuerza a través de una presencia dominante y omnipresente, moralmente opresora y culpabilizante, ¡Y son muchos, y tienen rostros concretos!... Dios es una Presencia Ausente: le importamos y está cerca, pero nos deja la libertad de obrar, porque confía en nuestra capacidad de comprender su manera divina de obrar.  

Desde el comienzo de la historia que llamamos "sagrada" existe la conciencia de que a Dios no se le puede reproducir a través de ninguna imagen, tan sólo se le puede conocer a través de sus obras. Dios es YHWH: "El/La que está haciendo...". La revelación del Nombre, enigmático y misterioso, de Dios en la conciencia religiosa de Israel, más que la traducción tradicional que conocemos: "Yo soy La/El que soy", es, sencillamente "La/El que está haciendo..." y Dios hace siempre, constantemente: comunidad-pueblo / alianza-fidelidad / perdón-misericordia / ¡salvación!...  

"Salvación" es el nombre que recibe el hijo de María de Nazaret. La Merced de Dios engendrada en el seno de una mujer del pueblo, de nuestro pueblo. Una mujer a la que no se le ahorra, en ningún momento, la dificultad de creer Y de dejarse seducir por Dios y su proyecto, en medio de las dificultades de su realidad cotidiana. Dios no es milagrero, ni ejerce poder de transformación alguna sobre la realidad humana, que fuerce o desfigure esta realidad. En eso consiste el amor y la fidelidad divina: nos deja ser y acompaña con infinita ternura y respeto nuestro propio proceso de adhesión a su plan salvífico.  

Frente a la seducción idolátrica de las falsas imágenes de Dios, que pretenden nuestra adhesión a los proyectos seudo-salvadores, debemos afirmar nuestra condición de personas liberadas desde el corazón. No nos seducen los milagros de Dios, sino el Dios que realiza la salvación milagrosamente, es decir, de manera, con frecuencia, incomprensible para nosotros/as. No nos seduce la abstracción del misterio divino: inalcanzable, impasible, omnipotente... Nos seduce el Misterio de la Comunión divina, que nos envuelve y nos anima a formar Comunidad creyente. No nos seducen las muchas imágenes de Dios, sino la Imagen de Dios, Jesucristo, identificado con cada ser humano, pobre, desamparado, hambriento, encarcelado...  

El carisma de la Merced nos mueve a ver y actuar como Dios ve y actúa en el mundo: con infinita misericordia redentora. y estas, pienso yo, son algunas de las claves en las que podemos decimos en el mundo, significativamente, como portadores y portadoras de ese don divino. 

Para mí es muy difícil explicarle que el poder de Dios no es de ese "tipo" ni se "ejerce" de ese modo. Pero tampoco puedo asentir con ella en su sencilla deducción: si Dios lo dispone así, por algo será... Si Dios lo permite, por algo será… Dios no es cómo nosotros, está muy lejos, a lo mejor no le llega nada de esto que nosotros estamos viviendo en esta vida...Esa es una manera muy piadosa de disculpar a Dios y de mantener la angustia del ser humano ante una realidad que nos desborda y que nos resulta incomprensible.  

Pero Dios, no necesita ser disculpado, necesita ser acogido:  

"Tanto amó Dios al mundo que le envió a su Único Hijo..."

"Yo he venido para salvar a los pecadores..."

" Dios quiere que todos se salven..."

"Yo tampoco te condeno, vete en paz..."

"Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen..."  

Son tantas las palabras del hombre Jesús, del Maestro de Nazaret, que nos hablan de Dios, del verdadero Dios que se empeña en ser y actuar como un "Padre-Madre", que parece imposible que lo hayamos comprendido tan poco y tan mal.  

Las religiones paganas necesitan infinidad de imágenes de la divinidad, porque ninguna llega a satisfacer el deseo de trascendencia que el ser humano lleva dentro. y necesitan entregar constantemente "sacrificios" y "ofrendas" con la finalidad de obtener la aprobación y el favor de esos "dioses", ala vez que se intenta por todos los medios alejar su ira y su furor... Es una forma, como otra cualquiera de ejercer la fuerza y la opresión sobre las conciencias y dominar la voluntad de "los fieles". Pero el Dios de Jesús no pide nada de eso.  

El ídolo es insaciable en sus exigencias... ¡Dios es incansable en su entrega!  

Formamos parte de una comunidad de fe que venera imágenes y dice adorar a un sólo Dios, pero en el fondo, las imágenes se nos han convertido en verdaderos ídolos, sobre todo, esas imágenes de Dios que desconciertan más que atraen la fe de los creyentes.  

Por amor a la única Imagen verdadera de Dios, el ser humano con el que el Hijo encarnado se ha identificado, tenemos que romper con todas las imágenes kiriarcales de Dios.  

Por fidelidad al Dios revelado en la historia y hecho historia, tenemos que romper con todas aquellas imágenes que hablen de cualquier tipo de "poder" ejercido desde la lejanía. Con todo lo que no nos ayude a comprender nuestra vida dentro del Misterio divino, Misterio de Comunión que nos envuelve en su Seno y hace comunidad de amor y de pasión con cada ser humano y cada criatura que ama y sufre. Dios no tiene más poder que el Amor y el amor es del ~ todo impotente. indigente y vulnerable. y ese, por absurdo que siga pareciendo, es nuestro Dios.  

3. Algunas claves mercedarias del Dios "que hace liberación…" 

La primera clave en la que podemos expresar nuestra experiencia de un Dios que nos ayuda a liberamos de la idolatría a la que nos avoca el mundo, incluso el "mundo religioso" es la de comprender a Dios como:  

- Aquella Realidad Comunitaria (Trinidad) cuya voluntad es la de donar la vida.  

Dios no es un ente solitario y alejado de nuestra realidad, es el Misterio de Comunión que hace Hogar. En Dios somos engendrados por el Espíritu Santo que alienta nuestra existencia y crea armonía en nuestro propio espíritu, como sucedió desde el principio (Gén 2, 7), para ser con el Hijo, aquel que posee toda la condición divina y toda la condición humana, hijos del Hogar divino, y hermanos y hermanas de toda la Creación. Esto significa:  

-Actuar como Dios actúa, y desde los mismos sentimientos y proyecto de vida de Jesucristo:  

Viendo, conociendo y sintiéndonos afectados y afectadas por todas las situaciones de esclavitud que reducen y degradan la condición humana. Y hoy, como siempre a lo largo de la historia, son muchas y muy variadas, a veces muy sutiles... Tanto que, comprometemos en este estilo de vida divino, va a significar, sin duda, el compromiso de romper, decididamente, con la esclerosis estructural y doctrinal que posee nuestra propia experiencia personal y comunitaria de Dios. Yeso no va a resultar tarea fácil de realizar.  

Resulta más cómodo y menos complicado adatarse a las "imágenes" tradicionales de Dios. Imágenes rituales que no nos exigen más que un cumplimiento rutinario de unas cuantas leyes, convertidas, con frecuencia en meros gestos sociales, poco relacionados con la vida y la moral cotidiana. Luego, otra clave es:  

-La adhesión al Dios que nos libera siempre, y ruptura con las imágenes escleróticas de Dios  

El verdadero Dios nos hace constantemente libres ante unos compromisos hipócritamente mantenidos, y nos llama a vivir una vida coherente con su Proyecto salvador, cuyas categorías nos son sobradamente conocidas:  

Obrar con justicia / amar con misericordia / perdonar sin medida / entregamos sin condiciones! encarnarnos en la realidad, con los mismos sentimientos de Cristo / rechazar las cadenas de una sociedad marcada por la violencia, por la tiranía del poder, del consumo y del placer... ".'  

Para ser testigos de un Dios que no ama las cadenas sino la libertad, tenemos que avanzar por el camino personal y comunitario de la liberación. En el momento que creamos haberlo conseguido, podemos dudar de estar avanzando, de estar siguiendo al Dios que se hace peregrino de la salvación.  

Es verdad que no podemos vivir sin "imágenes" de Dios, pero sí podemos romper cada día la imagen de Dios, reproducción de nuestros propios miedos e intereses, para dejar que el Misterio divino amanezca y resucite cada mañana en nuestro corazón.  

Este es el Dios que, desde el carisma de la Merced, nos llama a vivir en cristiano nuestra existencia, liberándonos de los "ídolos" que y, sobre todo, del "ídolo" de Dios mismo: esa imagen que creemos incuestionable, conocida y amada.  

-La clave de la novedad del Espíritu es creatividad redentora  

Por eso, no es un disparate orar pidiéndole a Dios que nos libere de Dios, para poder abrirnos cada día a la revelación de su rostro en los muchos rostros y en las muchas circunstancias en las que Él se va expresando y que tenemos que ir acogiendo, "en espíritu y en verdad", con absoluta libertad y conciencia de la acción creadora y creativa del Espíritu del Señor que nos habita. Pobres de nosotros/as si asumimos la inmovilidad de nuestras creencias como santo y seña de nuestra vida de fe.  

Podríamos continuar señalando claves en las que descubrir que seguimos y amamos y testimoniamos a un Dios que "visita y redime a su pueblo", pero eso, puede que sea ya tarea para tener en cuenta o para continuar a partir de este Encuentro Intermercedario.  

Sería un hermoso fruto del mismo.