MARÍA Y LA LIBERTAD: UNA PROPUESTA EDUCADORA
Mercedes
Navarro Puerto mc
El esquema que voy
a seguir en esta conferencia es el siguiente: primero voy a partir de lo que
significa la libertad en este contexto nuestro y sus implicaciones, en un
segundo momento miraré a María en los evangelios como una mujer libre en el
contexto del movimiento de Jesús y terminaré haciendo unas propuestas
educativas.
1.
LA LIBERTAD AQUÍ Y AHORA
Para
poder hablar de la libertad de María y de ella como una propuesta educadora es
necesario comenzar por un punto de partida real. No podemos hablar de ella para
nosotras y nosotros, personas del siglo XXI, para nuestras niñas y niños,
adolescentes y jóvenes, de forma esencialista o poniendo entre paréntesis la
realidad actual, pues hacerlo, al menos desde mi punto de vista, significa una
enorme falta de respeto al evangelio y una estrategia debilitadora de sus
posibilidades de transformación.
La
libertad es siempre libertad contextualizada. Para poder entenderla necesitamos
también entender el contexto en el que se la nombra. Es obvio que evoca cosas
distintas si apelo a ella desde un contexto democrático o desde uno
dictatorial. No es igual hablar de libertad donde hay medios de vida, que donde
no los hay. Pues bien, mi contexto es el Sur de Europa, el primer mundo, y en él,
ya desde los lejanos tiempos de los griegos, pero especialmente desde la
revolución francesa, la libertad es un principio básico del estado de derecho.
Es un derecho que cualquier persona trae consigo al mundo unido a su dignidad
humana, pero, a la par, es un valor que ha de ser conquistado por cada ser
humano. Esto origina una curiosa paradoja, pues sólo se actualiza como derecho
si cada sujeto lo conquista apropiándose de él.
En
nuestros ambientes entendemos la libertad en una doble dimensión, la negativa:
libertad de y la positiva libertad para, y aunque lógicamente la dimensión
social, política y económica forman parte de lo que entendemos por libertad,
lo cierto es que para la mayoría de nosotros y nosotras se trata de un derecho
y un valor individual que forma parte de nuestra conciencia psicológica, y va
de la mano de conceptos como independencia y autonomía. En una primera percepción
popular para una persona occidental ser libre supone el reconocimiento y la
puesta en práctica de su capacidad para elegir y decidir por sí misma, fuera
de presiones externas y ausente de manipulaciones que estorben dicha capacidad.
La
libertad, por tanto, se encuentra asociada a numerosos valores de nuestro
imaginario colectivo. La primera de todas, decía, es la capacidad de autonomía
que crece y madura a partir de una pérdida, pero capacita para la
responsabilidad, la interdependencia y un nuevo estilo de relaciones con la
realidad, las personas y los grupos. Lo que nunca se resuelve es la tensión
entre dos polos aparentemente antagónicos.. La autonomía, la autoafirmación,
la individualidad, la adquisición de la conciencia, la responsabilidad, y la
capacidad para tomar decisiones por sí mismo son valores y posibilidades
estrechamente relacionadas con la libertad.
La
libertad también lleva asociada dificultades y serios problemas. Es una
aspiración básica del ser humano, un valor por el que personas y pueblos se
han arriesgado hasta dar la vida, es verdad. Pero a la vez, es algo que asusta
enormemente. Da la impresión de que el ser humano busca continuamente una
excusa para ceder sus derechos de libertad con tal de conseguir otros beneficios
que, aunque no se valoren tanto teóricamente, en la práctica ocupan el primer
plano. Hablamos, sobre todo, de la aprobación social y la seguridad. Voy a
ilustrarlo brevemente. En un principio la libertad está vinculada positivamente
a los valores de la autonomía y, por consiguiente, a la pluralidad que, a su
vez, implica una impresionante e inabarcable riqueza humana, social y cultural.
Nadie medianamente inteligente es capaz de negar estos valores. Sin embargo
cuando se trata de llevarlos a la práctica en grupos, instituciones, naciones,
culturas, sociedades, aumenta la conflictividad social. Con ella crece la
sensación de inseguridad. La inseguridad produce miedo y el miedo conduce a
buscar seguridades desesperadamente. No hay más que mirar lo que ocurre en
nuestras ciudades, especialmente las más grandes en las que se dan cita una
mayor pluralidad y respeto por la autonomía y los derechos individuales. El
miedo y la inseguridad son capaces de dar al traste, por ejemplo, con conquistas
tan lentas y difíciles como la supresión de la pena de muerte. En definitiva
la libertad parece abrir la caja de Pandora de la inseguridad y ésta se
defiende con las seguridades incompatibles con la libertad. La libertad, en
resumen, nos da un tremendo miedo. ¿Por qué?
Respondo
someramente, pues no estoy exponiendo un tema de psicología. El ser humano
crece y madura en la medida en que se va individualizando, es decir, se va
separando o liberando de aquellos vínculos que los protegían y aseguraban.
Esta liberación de, le va capacitando en su liberación para. El
tránsito, sin embargo, se lleva acabo en medio de dolorosas incertidumbres y
experiencias de inseguridad que parecen taponar el sentido de la vida, el futuro
o la mirada hacia delante. La pérdida de las seguridades infantiles es condición
inevitable para afrontar la condición adulta con su relativa independencia y su
autonomía. Sólo en ella se hace posible la capacidad para elegir y sólo en
este nuevo terreno se hace posible la creatividad que conlleva la libertad
para. El ser humano teme la inseguridad y la incertidumbre hasta el punto de
sacrificar el don, el derecho y la conquista de su propia libertad. Prefiere que
otros y otras piensen en su lugar, tomen decisiones en su lugar, le digan lo que
tiene que hacer y cómo lo tiene que hacer, lo que debe o no debe elegir.
Prefiere no equivocarse, no cargar con su propia responsabilidad, no tener que vérselas
con la construcción del sentido de sí y del sentido de la vida. Prefiere no
sentirse culpable, no angustiarse, no sentirse perdido. Por eso, aunque crezca y
desarrolle otras capacidades llámese tecnología, informática, biogenética...
si no crece ni madura en la libertad seguirá peligrosa e irresponsablemente
infantil.
Puesto
que nos encontramos en un contexto de educación es inevitable referirnos a las
incidencias que este mecanismo tiene en la escuela y en la educación en
general. Educar libres de y, sobre todo, en la libertad para es
hoy todo un desafío que pocos y pocas aceptan. A nuestros chicos y chicas damos
con frecuencia dobles mensajes de los que muchas veces no somos conscientes: les
decimos directa e indirectamente jsed libres! ¡liberaos!, pero no les hablamos,
por ejemplo, del precio que hay que pagar y, por eso tampoco los preparamos. Les
imbuimos del ideal sin darles los instrumentos ni las instrucciones de uso. Como
es un derecho, les hacemos creer que la libertad se encuentra al alcance de la
mano, como se encuentra el dinero en los cajeros automáticos. Pero nos
olvidamos de que, como ocurre con los cajeros, si no tienes dinero ni sabes cómo
usar el cajero, da igual tenerlo cada dos puertas en nuestras calles. Los niños
y niñas, chicos y chicas, tardan mucho, demasiado, en descubrir que la libertad
cuesta cara. A la vez que afirmamos su derecho a la libertad les decimos que
tienen derecho a estar seguros y protegidos, que hay un estado que se debe
ocupar de esta seguridad y que quien no la respete no merece respeto. Y esta
seguridad solemos confundirla con las seguridades, con la necesidad de protección
a toda costa. Pero, claro, si la libertad genera fortaleza ¿cómo es que
preparamos generaciones tan vulnerables, tan necesitadas de ser protegidas, tan
reactivas y dispuestas al ataque como la mejor defensa... ? Y ellos y ellas lo
quieren todo: ser libres y estar seguros o seguras, que es decir, tener
garantizada la protección. Les enseñamos un imposible. Les engañamos y
creamos frustraciones inútiles, de esas que no enseñan nada.
El
precio de la libertad
No
nos hagamos ilusiones: la hermosa libertad a la que aspiramos es cara. Tiene un
precio y con frecuencia ese precio es elevado. Las personas verdaderamente
libres, aquellas a las que reconocemos y respetamos por su libertad, tienen un
perfil que confirma el precio pagado.
Observemos,
sin embargo, a nuestro alrededor: ¿quiénes tienen libertad de movimiento, de
pensamiento y de palabra, de decisión, de derecho y de hecho... ? quienes
tienen dinero para el soborno: la policía, el sistema judicial y penitenciario,
el ejercicio del derecho, los medios de comunicación. Las cosas, mal que nos
pese, son así, por eso nos preguntamos dando la vuelta al argumento ¿hay que
tener dinero para tener libertad? ¿Es posible la libertad sin dinero, sin
poder, sin influencia? ¿no son estas dependencias servilismos para la libertad?
Si respondemos positivamente llegaremos a la conclusión de que los y las pobres
o empobrecidos no pueden ser libres porque no tienen siquiera las condiciones
necesarias. O, en todo caso, llegaremos a concluir que la libertad no es para
ellos y que si son libres es porque no tienen nada que perder, pues si tuvieran
algo no querrían perderlo aunque se quedaran sin libertad...
Y
quienes no aceptan los términos de este dilema y prescinden del dinero que
soborna, del tráfico de influencias y de los privilegios, del poder. Quienes se
embarcan en la difícil y arriesgada travesía de la libertad tienen otro precio
que pagar: en muchos casos la muerte, en otros más numerosos el rechazo social,
el castigo, la exclusión, la descalificación... pues ¿a quién importa de
verdad que haya gente libre...?, posiblemente a pocos. Importa mucho, no
obstante, que la mayoría no seamos libres pues nuestro sistema no podría
funcionar. Una de las recientes teorías adoptadas como estrategia disuasoria es
la de considerar que la libertad no existe. Claro que nadie pregunta a qué se
refiere cuando se habla de la libertad, como si pudiéramos despojar a este
valor de sus determinativos. Ciertamente la libertad absoluta no existe. Existe
la libertad humana y ésta depende, como ya decíamos e igual que el resto de
los valores, de lo que signifique en su propio contexto, en su propia cultura.
Para Occidente la libertad tiene que ver, no perdámoslo de vista, con la acepción
negativa del liberarse de, y con la positiva del liberarse para.
Tiene un pasado y un futuro. Desvinculaciones y nuevas vinculaciones. Y
conjugado como acción, verbo, tiene las tres formas: activa, liberar,
reflexiva, liberarse, pasiva, ser liberado/a.
¿Cuál
es el valor (o el precio) de este valor? ¿por qué es tan importante? ¿a qué
remite? Puede parecer extraño, pero la libertad humana tiene que ver con el
valor del individuo. La libertad afirma al individuo. Por eso ningún sistema
totalitario, ya sea abierta o solapadamente totalitario, puede permitir la
libertad, pues el sistema se construye y sostiene sobre la pérdida del
individuo, que pasa a segundo plano en función del sistema, partido, cuerpo,
organización, sociedad... .
La
libertad, recordemos, da miedo. Los miedos que impiden la libertad no son un
invento, sino que tienen una base real, unos efectos con los que el sistema
juega de modo descarado: el miedo impide la libertad en los lugares de trabajo,
pues si eres libre y no te sometes a los juegos injustos del sistema, si no eres
servil ante el poder, no podrás mantener tu puesto de trabajo. El miedo impide
la libertad en los medios de comunicación y en las organizaciones, pues si te
permites ser libre de y ser libre para automáticamente los diferentes poderes,
especialmente el económico y el político, prescinden de ti. El miedo impide la
libertad en las instituciones eclesiásticas, como en otro tipo de instituciones
y grupos.
El
miedo parece vencer a la libertad. La persona libre es tachada de ingenua, poco
práctica, ilusa, idealista... O bien de provocadora, instigadora de malestar
social, peligrosa para el orden... Las personas libres acaban siendo molestas,
inoportunas, indeseables. Preferimos convivir con quienes no usan el espíritu
crítico, con quienes piensan lo que piensa la mayoría, con quienes no vas a
verte obligada a cuestionarte, con quien se pone invariablemente de la parte del
poder... ¿pero, seamos serios y serias! ¿hay alguien que quiera de verdad la
libertad?
Un
poco de libertad tiene un coste tan alto y la felicidad que produce, la madurez
a la que conduce, cuesta tanto... que, podemos pensar, apenas si merece la pena.
Y, con todo, en el fondo de la humanidad sigue latiendo el anhelo poderoso de
este valor, el sueño de su realización... y aunque sólo fuera por eso sí
merecería la pena un grupo de personas dispuestas a entrar en un proceso de
liberación al mismo tiempo que van ofreciéndolo como camino humano y pilar
cristiano y mercedario. Tal vez por eso sigue siendo importante plantarse y de
modo desafiante buscar maneras de hacer frente a los miedos que impiden u
obstaculizan la emergencia del deseo y el anhelo verdadero de la libertad.
Recuperaremos
el contexto en la parte final al desarrollar más, a la luz del evangelio de María,
el perfil de persona liberada hoy en nuestro contexto.
2.
EL PROCESO LIBERADOR DE MARÍA
Al
mencionar a María como una mujer libre y liberadora estamos hablando desde la
perspectiva del final, de lo concluido y terminado. La miramos desde el conjunto
global de su trayectoria. Esta afirmación vale tanto en cuanto sepamos qué
proceso hay detrás, cómo llegó hasta aquí. Pues sólo en este caso invocar a
María puede convertirse en una palabra con garra y capacidad para el estímulo.
De lo contrarío será algo tan hermoso como vacío. Si nos preguntaran por esta
trayectoria, por los cómo de una María libre y liberadora, tanto a nosotros y
nosotras, como a nuestros alumnos y alumnas, chicos y chicas a quienes educamos,
no estoy segura de que supiéramos responder dando razón de nuestra afirmación.
Por ejemplo: si yo hablo a jóvenes de Monseñor Romero y lo propongo como
referente, incluso la gente que no es religiosa y conoce poco los procesos
dolorosamente liberadores de América Latina, tendría idea de que me refiero a
un nombre que encierra una historia. Su nombre trae a la memoria de golpe toda
su historia, especialmente la de sus últimos años y esta evocación puede
mover interna y externamente a mucha gente. Pues bien, decía que no estoy
segura de que esto mismo suceda con la evocación o la invocación a María
libre y liberadora. Por eso es menester entrar un poco en este proceso suyo.
Cuando
decimos que María es libre y liberadora, repito, estamos hablando de una
consecuencia, un resultado. En los evangelios no aparecen más que pequeños
datos, y siempre indirectos. Son datos referidos a los efectos de determinadas
acciones y decisiones, generalmente de otros personajes de las narraciones como
José, en Mt, cuando acepta las circunstancias de su familia. O Isabel, en Lc,
ante la comunicación invasiva del Espíritu Santo, del mismo modo que aparece
en los Hechos en la comunidad de Pentecostés. Las mujeres seguidoras de Jesús
entre las que probablemente se encuentre ella, como un acto de resistencia ante
la cruz. O los discípulos y el discípulo amado en Jn, ante un momento de
crisis abierto a sus posibilidades resolutivas desde la fe.
En
otras ocasiones, junto a los personajes, hay acciones concretas que funcionan
como leves señales de que detrás existe toda una trayectoria, o todo un
talante, o conquistas o crisis, como por ejemplo el viaje a los montes de Judea
o el canto del magníficat, en Lc; la escena de la madre y los hermanos de Jesús,
su presencia con otras mujeres en la cruz. En Mc nos interesa percibir lo que
puede haber detrás de estas escenas. Hacer las veces de un Sherloc Holmes que a
base de buscar y establecer relaciones de sentido, aprende a interpretar pequeñas
huellas ya reconstruir ciertos itinerarios,
Nos
interesa explorar el proceso mediante el cual concebimos a María como una
persona libre que puede ser modelo de liberación para nosotras y nosotros y
para nuestros educandos y educandas. Nos interesa saber cómo llegó María
hasta ahí. Para ello es preciso incluirla en el marco del movimiento de Jesús,
teniendo en cuenta específicamente lo que significa la libertad en el contexto
judeo-helenista del siglo I, que no es lo mismo que para nosotros y nosotras.
Para
nosotros y nosotras la libertad, junto a su dimensión sociopolítica y económica,
está muy ligada al orden de lo psicológico, hasta el punto de que podemos
diferenciar entre unos órdenes y otros. Por ejemplo, podemos decir que una
persona puede llegar a ser libre incluso en el caso de que se encuentre privada
de las otras libertades. Para la sociedad del tiempo de Jesús las cosas no eran
así.
María
era una mujer judía y en Palestina, especialmente en las zonas menos
contaminadas por la colonización, a las mujeres no se les reconocía más
libertad que la derivada de su pertenencia al pueblo. Los individuos tenían una
percepción de sí, a diferencia de nosotros, especialmente ligada al grupo, el
clan, la sociedad... Esto era doblemente reforzado en el caso de las mujeres,
cuya autonomía era muy reductiva como seguramente sabemos. En general ellas no
tenían medios ni posibilidades para adquirir la independencia que requiere la
libertad. La libertad entendida de este modo era percibida negativamente, desde
el punto de vista moral y social, pues estaba ligada a la desvergüenza y la
deshonra. Una mujer honrada no podía ser libre ni independiente ni autónoma.
Su condición era la de ser propiedad sexual de: llámese padre, marido o hijo
varón. Toda mujer que se precie de su honradez debe sentirse orgullosa de tener
un dueño. Eso es lo que dice el contexto, lo reconocido, valorado y aceptado
como honorable. No obstante, las israelitas que vivían más cerca de las
colonias romanas tenían en los modelos femeninos del imperio una manera
diferente de ser mujeres, más autónomas, especialmente en los casos de mujeres
nobles con bienes, o viudas y divorciadas que administraban la herencia. La
libertad de las romanas, aunque no era equiparable con la del varón, al único
que se le reconocía la ciudadanía o pleno derecho individual, se constituía
en una referencia diferente de las posibilidades de las mujeres, aunque en
principio pareciera lejanísima alas palestinas.
En
Israel la verdadera libertad estaba asociada a la dignidad del pueblo, a la
conciencia histórica de su propia idiosincrasia, a la historia social, política
y religiosa de su liberación de la esclavitud. La libertad para un israelita
quedaba vinculada a su misma condición de pueblo. Cada hebreo, hombre o mujer,
se tenía por un sujeto llamado por Dios mismo a permanecer libre. La colonización
romana en el tiempo de Jesús, por tanto, desafiaba esta conciencia de libertad
tan arraigada Si Israel era políticamente libre, cada israelita también se
consideraría libre. Por eso, en el tiempo de Jesús había numerosos grupos que
luchaban contra el poder y sometimiento del imperio romano. La libertad era la
condición del pueblo para ser él mismo, que es decir la libertad para ser fiel
a lo que Dios quería de él. La fe religiosa garantizaba 1a identidad y ésta sólo
podía permanecer si gozaba de la libertad sociopolítica.
María
era una mujer judía que vivía en una zona a pocos kilómetros de una
importante colonia romana, la ciudad de Séforis vecina a Nazaret. Es probable
que creciera teniendo a la vista el doble modelo de mujer en el que se desenvolvía,
el modelo de su pueblo y el de las ciudadanas romanas provenientes de otros
lugares o de Israel mismo. No tenemos datos históricos concretos que puedan
indicarnos qué vivía más, si la necesidad de no perder su identidad
israelita, o el deseo de hacer compatible esa identidad con rasgos del modelo
alternativo. Sospechamos que en este contexto debería darse una aculturación
en la que unos valores y otros salieran ala vez ganando y perdiendo, como sucede
en contextos parecidos. Los evangelios, puesto que no hablan de los padres de
María, tampoco indican quién o quiénes y de qué manera le proporcionaron una
identidad de pueblo, y luego un marido, que era una de las áreas en las que ,
una mujer estaba socialmente reconocida y también sometida.
Una
vez que hemos trazado al menos las líneas básicas relativas al contexto
general sociopolítico, podemos entrar en algunas de las narraciones evangélicas
para explorar el proceso de liberación de María, aunque sea de forma
indirecta. Los evangelios no nos ofrecen datos históricos en el sentido en que
hoy entendemos histórico, pero en sus narraciones hay pequeños datos que nos
dan pistas para reconstruir algunas cosas. Hemos de tener en cuenta, además,
que los evangelios están escritos por varones con mentalidad patriarcal, de
forma que ciertas costumbres y valores de las mujeres siempre van a ser
cercenados o censurados.
María
y la liberación del miedo en Mc
La
primera aparición de María en el evangelio cronológicamente más antiguo es
la que tiene lugar en la escena de la madre y los hermanos y hermanas de Jesús
que van a buscarlo porque lo consideran loco, fuera de sí. El narrador, por
tanto, coloca a María en un escenario de temor y esto es una invitación al
lector a que sitúe a este personaje en el contexto evangélico en el que se
desarrolla indirectamente la libertad y en el que se va desvelando
paulatinamente la impresionante libertad de Jesús el protagonista de la
historia.
En
efecto, para Mc la libertad tiene que ver de principio a final con liberarse del
miedo. Jesús avanza en los relatos a partir de acciones y palabras que van
dejando al descubierto las numerosas mascaras del miedo y las continuas trampas
de las que éste se vale. Jesús desenmascara y desdramatiza el miedo sustituyéndolo
por la confianza, no una confianza ingenua e infantil, sino probada y sólida,
la confianza que hace posible la fe. El itinerario de Jesús en Mc está marcado
por la confianza que es la que le permite tener una verdadera autoridad exenta
de autoritarismo y una libertad capaz de elecciones difíciles y coherentes. Jesús
se va liberando de para mostrar la creatividad de la libertad para. Se separa de
Juan Bautista. Su discurso sobre el Reinado o Proyecto de Dios es opuesto al de
su maestro líder. Su aprendizaje de la vida, las convicciones más y más
arraigadas en él le va llevando a un continuo enfrentamiento con las
autoridades constituidas. LoS signos más patentes de su autoridad son el
exorcismo, epitome de la libertad personal frente a cualquier fuerza negativa y
opresiva y epitome de la liberación de quienes se encuentran oprimidos. Su
creciente conciencia de libertad afecta a pilares fundamentales del sistema
mismo israelita, como es el caso de las normas de la pureza ( cf Mc 7) y sobre
el cuerpo ( cf Mc 5) que tienen que ver con la organización de la sociedad. Por
ello apuntan no sólo a los individuos, sino sobre todo a las instituciones que
en absoluto aparecen Como inocentes.
Jesús
en Mc es un hombre libre y esto se muestra en que va asumiendo que su ausencia
de miedo, su propia coherencia personal, sus acciones y palabras pueden llevarle
a morir. Y, en efecto, llega un momento en que más allá o más acá de lo que
decidan los demás, él es libre para asumirlo, que es decir darle un sentido e
integrarlo en su proyecto de vida. Jesús se apropia de las consecuencias de su
modo de vivir y de ser y logra convertir todo posible determinismo y
sometimiento a las circunstancias externas en opción y elección. Esto sólo
puede lograrlo quien consigue las mas altas cotas de libertad. Por eso muere
como mueren loS seres humanos libres, con autoridad y dignidad, dentro mismo de
las condiciones degradantes que otra gente ha planificado para él. Desde la fe
cristiana sus seguidoras y seguidores testimonian que la resurrección es el
testimonio y el sello de autenticidad de Dios de la libertad de Jesús.
El
itinerario de María ha de ser incluido y entendido dentro de este itinerario de
Jesús, evidentemente sin ser confundido Con él. En Mc el proceso de la
libertad de María tiene unos ítems que cada lector sólo puede descubrir
teniendo en cuenta el proceso de Jesús arriba descrito. En la primera parte del
evangelio, que ocupa los 8 primeros capítulos, la madre de Jesús aparece en
dos ocasiones, la primera de ellas en un momento narrativo especialmente
significativo, justo en el momento en que la autoridad de Jesús es seriamente
cuestionada. María aparece Como un elemento de este cuestionamiento que,
inesperadamente se vuelve interrogante para ella misma junto con los otros
parientes. Cuando va a buscarlo porque le consideran un fuera de la realidad, un
extravagante que cuestiona lo más sagrado de Israel, como es la familia (ha
llamado a los doce para crear una familia propia y un pueblo propio, en contra
de lo que hacía cualquier israelita que a su edad debería tener una familia
con hijos ya adolescentes), ella quiere salvarlo, llamarlo al orden,
confrontarlo con sus acciones y sus consecuencias. María tiene miedo. Miedo de
perder a Jesús, de que la marginen. Miedo a las presiones que recibe
socialmente, a quedar aislada en su contexto. Posiblemente tiene miedo también
porque no entiende a Jesús, por su propio desconcierto y porque lo que hace y
dice pone en crisis su misma religión, sus convicciones y lo que ha creído
toda su vida. Jesús le lanza también a ella, indirectamente, los interrogantes
que se lanza a sí mismo: quién es mi madre, quién es mi familia. Es como si
le dijera: ¿no me vas a permitir desligarme de ti para ser alguien con una
identidad propia, un proyecto de vida propio? ¿no me vas a permitir que me
libere de una institución como la familiar que aprisiona a las mujeres ya los
menores; que restringe las libertades, decide de qué forma hay que ser mujer y
varón, quién tiene que pertenecer y quién no al pueblo ya la religión, quién
es bueno y quién es malo? Es como si indirectamente le dijera ¿no te interesa
esta libertad? ¿no quieres entrar en una experiencia de Dios, de comunidad, de
fe que te libere de y para? ¿no te parece mucho más interesante y humano,
mucho más integrador y pleno lo que estoy ofreciendo? ¿no te interesaría
formar parte de esto... ?
El
evangelio no cuenta la respuesta de María. Constata que del primer lugar en el
texto, pasa al último. La reacción y la respuesta de María en cuanto madre
que puede ser de una manera nueva, elegida y libre, no aparece directamente. Hay
que esperar al capítulo 6 para extraer otros 1 datos igualmente indirectos.
Cuando Jesús va a su tierra, los paisanos le descalifican y él responde con el
refrán ningún profeta lo es en su patria, en su casa, entre los suyos. Los
paisanos para descalificarle la incluyen a ella ya sus parientes. El narrador le
da nombre, ya no es sólo la madre de Jesús, sino una mujer llamada María. y
si la incluyen al decir ¿no es éste el hijo de María? es porque posiblemente
la madre se ha puesto ya de la parte de él. Pero ¿cómo sabemos que es así...
? Para eso hay que pasar a la segunda parte del evangelio y recuperarla al pie
de la cruz, cuando el narrador la coloca en medio de las otras dos mujeres, la
Magdalena y la mujer de Cusa. La misma que va un capítulo después hasta la
misma tumba con sus compañeras y sale huyendo de allí como reacción ante la
experiencia sobreabundante de la resurrección. Con ello el narrador dice
indirectamente a sus lectores y lectoras que María se ha aliado con su hijo y
con el Proyecto que él plantea.
María
y la libertad en Lc
Para
el evangelio de Lc el proceso liberador de María es diferente. El mismo
concepto de libertad tiene connotaciones helenistas que no aparecen tan claros
en Mc, a pesar del contexto romano de la comunidad a la que va dirigido. María
en Lc aparece como una mujer escasamente vinculada a' instituciones y personas.
Lc juega con la paradoja de la esclava del Señor, al estilo de Israel que en su
origen, allá en el libro del Éxodo, ya lo largo de su historia siempre ha
tenido que elegir entre dos señores y dos formas de servir, o bien como
servidumbre, a los poderes de Egipto y sus secuelas, o bien como servicio, al
Dios que es un Señor que, puesto que no tiene esclavos, tampoco tiene necesidad
es un tirano. Dios es el único Señor y por eso se convierte en garantía de
libertad. Reconocerle como único Señor es excluyente de cualquier
reconocimiento a otro señor o señores. Lc juega con lo honorable para una
mujer, que, como decíamos, era el reconocimiento de su condición de propiedad
de un varón. Pues bien, la ironía del evangelio, es presentar a María como
propiedad de un único Señor que excluye a todos los demás. Si es la sierva de
Dios, ya no tiene que ser la sierva de nadie. Ningún varón puede apropiarse de
ella, ningún sistema que acepte este principio de sometimiento de las mujeres a
los varones, puede apropiarse de María. Claro que la historia de 21 siglos de
cristianismo narra de qué modo nuestros sistemas patriarcales se han adueñado
de María para seguir sometiendo a las mujeres... Lo interesante es que siempre
podemos acudir a las fuentes para recuperar lo más genuino y a la vez que
desenmascaramos la manipulación, podemos comenzar caminos nuevos.
María
en Lc, que se auto-proclama esclava del señor, es la hija de Sión que recrea
novedosamente la experiencia original de Israel, como puerta por la que entra el
tiempo nuevo de Jesús. Cuando saludada por el ángel, debe tomar una decisión,
María no consulta a nadie, es una mujer sorprendentemente independiente y autónoma,
a pesar de estar ya prometida. No es una joven convencional. No consulta a
padres y o parientes, ni a sus posibles sustitutos, no pide una tregua para ir a
consultar a su prometido... ella escucha a Dios, se escucha a sí misma y luego
decide con una fórmula que evoca los comienzos de la creación (que se haga; hágase
en mí...). Es la primera mujer consultada en relación con su sexualidad y su
reproducción, algo realmente insólito tanto en Israel como en el imperio
romano, en donde las mujeres estaban consideradas criaturas determinadas, biológica
y socialmente, a la maternidad.
Sus
acciones posteriores van en la misma línea. Va sola a los montes de Judea para
ayudar a su prima, algo realmente extraño para las mujeres israelitas, que no
solían viajar solas sino en compañía, especialmente masculina. Esta acción,
que para nosotros y nosotras en este siglo es algo tan normal, condensa datos
que sólo cuando se despliegan dejan ver su importancia. El viaje sin compañía
a Ain Karin indica autonomía, conciencia de la propia dignidad, solidaridad
entre mujeres, deseo de ir a comprobar el signo que le ha ofrecido el ángel,
autoridad sobre su propia vida y sobre su futuro, capacidad para cambiar esa
opción sí fuera preciso, capacidad de opción y medios económicos para hacer
dicho viaje. Una vez allí, la escena prescinde de los varones que quedan en el
trasfondo, Zacarías mudo por su duda, José ajeno a lo que ocurre en su novia.
María canta el magníficat desde si, con una libertad de interpretación que
sorprende a cualquiera que conozca el canto de Ana, la madre de Samuel, y otros
cánticos del viejo testamento sobre el que se ha construido el magníficat, del
que ella hace su propia síntesis como historia personal y personalizada de fe.
Por tanto, al estilo helenista, María tiene pensamiento y discurso libre, obra
de una opción selectiva y personalizadora de la historia de salvación.
Y,
a lo largo del todo el evangelio, María aparece indirectamente como aquella que
ha creído, es decir, como una mujer con la libertad suficiente para creer, pues
la condición de la fe es, justamente, la libertad. La fe no está sometida a
las evidencias empíricas, sin o que tiene que ver con la interpretación de la
realidad, con el ángulo desde el que iluminas la vida.
El
otro rasgo que indica la dirección que adopta la libertad de María en la obra
de Lucas es la creatividad, que ya mencionábamos al hablar de la libertad en
positivo como libertad para. Lucas muestra a María en estrecha relación con el
Espíritu Santo que tanto en el evangelio como en los Hechos de los Apóstoles,
es el agente divino de novedad que hace nacer a Jesús (Lc 1), le convierte en
profeta, le orienta hacia los excluidos y excluidas de la historia (Lc 4),
irrumpe como viento y como fuego, creando las comunidades cristianas, haciendo
posible la diversidad y la pluralidad en la comunión y saca a los pusilánimes
y miedosos a las plazas públicas desinhibiéndolos de tal manera que los tienen
por borrachos.
María
en Lc ha de ser vista en este contexto, pues el evangelista la ha colocado allí
donde la historia da un cambio radical y profundo, aunque al principio no se
note aparentemente. Allí donde irrumpe la novedad. Si en Mc María era sobre
todo llamada a la libertad negativa, a liberarse del miedo en Lc más que libre
de, es una libre para pues donde ella está, está el Espíritu Santo
que renueva las cosas desde los márgenes y abre puertas a la creatividad ya las
posibilidades del futuro.
3.
PERFIL LIBRE DE MARÍA, PROPUESTA EDUCATIVA
Con
estos datos, teniendo en cuenta el contexto occidental, así como nuestros
deseos y profundos temores a fa libertad, podemos trazar un perfil de María,
proponiéndola como una mujer libre que puede estimular procesos liberadores en
nosotros y nosotras, así como en los niños y niñas, chicos y chicas a los que
vamos a educar. Antes de pasar a enumerar las posibilidades, deseo indicar que
María no puede seguir siendo utilizada para reforzar la estructura patriarcal,
ya sea social o eclesiástica, que subordina las mujeres a los varones en un
sometimiento de género, y esto requiere mucha atención, pues el reciclaje
eclesiástico es muy sutil la mayor parte de las veces. Podremos desenmascarar
estos juegos observando los resultados y los métodos, más que los principios o
pronunciamientos.
María,
libre por don y derecho
María
es una mujer libre por un derecho otorgado gratuitamente por Dios y que ella ha
recibido en la tradición de su cultura y de su pueblo. Dios, en la escena de la
vocación en Lc la trata con el respeto debido a una persona a la que se
reconoce su dignidad y su libertad. El relato de Lc manifiesta esta conciencia
cuando, paradójicamente, ella se auto-proclama sierva del Señor. Nadie más
libre en Israel que los personajes que se han considerado a sí mismos siervos
de Dios: Moisés, David, los profetas.
María
es una mujer libre porque ha recibido la herencia de libertad de su pueblo. La
libertad con la que orienta su futuro se apoya en la tradición liberadora de su
pueblo. Ella, como israelita, se sabe hija de un Dios que, en efecto, no es amo
ni tirano ni dictador, sino Padre y Madre amoroso, misericordioso y modelo de
libertad para las personas, especialmente las más pobres y pequeñas. Los
relatos evangélicos dejan traslucir su conciencia de mujer libre, reconocida,
consultada y respetada.
En
resumen María es una mujer que aparece sobre su derecho a ser libre, porque lo
ha aprendido en su pueblo, se lo han transmitido y la han educado en esta
conciencia. La libertad, así, y la liberación, son un derecho inalienable
otorgado por Dios mismo. Cuando miramos a María y la proclamamos libre y
liberadora, cuando la proponemos como modelo de libertad, no debemos olvidar
este dato. Nosotras y nosotros quedamos invitadas a educar en la conciencia y
reconocimiento agradecido del privilegio que es haber nacido con el derecho a la
libertad.
María,
libre por apropiación y conquista
María
es una mujer que ha debido apropiarse de su derecho a la libertad a través de
un proceso de conquista erizado de dificultades. Momentos claves en su proceso,
según lo cuentan diferentes evangelios, son aquellos en los que toda mujer
israelita tenía determinada su . identidad de género e hipotecado el futuro de
su vida: su sexualidad, sus relaciones con los hombres, con la familia de origen
y con la familia de destino, su maternidad. La historia de María deja traslucir
una trayectoria en la que ella va descubriendo unas grietas que le permiten
incluir un nuevo modo de ser persona, ser libre de y libre para.
- ella aparece en Lc y Mt como una mujer que va aprendiendo a tomar decisiones y asumir riesgos que pueden incluso conducirla a la muerte por lapidación
-
aparece como una mujer que presta atención a las cosas
que le pasan y las mira e interpreta con ojos críticos aunque no entienda su
sentido de forma inmediata (2,19.51 )
-
como una mujer que, según Mc y Jn es confrontada
fuertemente por su hijo y aprende a liberarse de un destino preprogramado y
arriesgarse y exponerse a cambios internos y externos, cuando ya no es una niña
y aparentemente tiene hecha su vida y definido el futuro
-
como una mujer que puede ponerse aliado de su hijo
condenado como maleante en el lugar mismo de la ejecución. De este modo, como
sucede con las madres de la Plaza de Mayo o con las Mujeres de Negro, María
adquiere fuertes connotaciones políticas y sociales de resistencia
-
como una mujer que se deja sorprender por acontecimientos
tan intensos que pueden cambiarle totalmente los planes inmediatos de futuro,
como ocurre en la tumba vacía y en el cenáculo mientras hace el duelo por el
hijo muerto
Así,
en resumen, María conquista la propia libertad que le ha sido dada como don y
derecho, sobre la base de su inteligencia, su capacidad contemplativa y crítica
sobre la realidad, la toma de decisiones en la soledad, asumiendo los riesgos y
superando el miedo a equivocarse, dejando que su vida pueda moverse, cambiar,
evolucionar aunque hayan pasado los años y su pasado esté lleno de
convenciones y se haya plegado a su pretendido destino, en la resistencia ante
la injusticia y la crueldad de quienes asesinan a los justos, en la solidaridad
con otras mujeres.
Toma
de conciencia, reconocimiento agradecido, inteligencia, sentido crítico, toma
de decisiones, capacidad para aprender, superación del miedo, cambio, capacidad
de resistencia, solidaridad, posibilidad de asombro... son vías a través de
las cuales María ha podido hacer un camino en la conquista de su propia
libertad. Cuando la proponemos como referente a nuestras y nuestros educandos
hemos de hacerlo ala par que la presentamos de este modo y vamos educando en
estos elementos, pues de lo contrario la fuerza y la capacidad transformadora
que pueda tener hoy para todas y todos, el carisma y la garra que pueda emanar
de ella se habrán perdido en formulaciones hermosas pero vacías de sentido. Lo
que suceda será responsabilidad nuestra, pues Dios sigue dejando la historia en
nuestras manos, como la dejó en las mismas manos de María
Para
terminar, aunque no soy amiga de recetas, quisiera recuperar algunas cosas
dichas al comienzo y que, puestas de forma ordenada una vez que ha pasado por la
luz del evangelio podría quedar así:
Podemos
educar en la libertad, teniendo y proponiendo como referente a María, si somos
capaces de intervenir en dos niveles estratégicos:
El
primero de carácter social, pasaría por la formación de líderes, en el plano
individual y la creación de lobbies de presión en el orden social, que se
reforzaran y apoyaran mutuamente. María, presentada adecuadamente, puede ser un
modelo de liderazgo y en ella., su figura y su trayectoria, podemos encontrar
los elementos básicos para formar lobbies de presión ante estructuras con
apariencia de libertad pero esclavizantes en su fondo.
El
segundo nivel es de otro orden, el orden psico-espiritual de los valores, que
sería formar a los sujetos en la resistencia, la insistencia y la consistencia.
Tres grandes pilares que encontramos sosteniendo la figura libre de María. La
resistencia conecta con la fortaleza o la capacidad de aguante; la insistencia
con la tenacidad y la consistencia con la solidez. En el trasfondo se encuentran
valores enormemente importantes y necesarios hoy: la esperanza, por lo que se
refiere a la resistencia y la fortaleza. La confianza en lo relativo a la
insistencia, opuesta al miedo; y la tenacidad y la coherencia yo profundidad
personal, en lo que respecta a la consistencia y solidez.
Podemos
prepararnos y preparar a personas libres sobre estos tres cimientos básicos que
pueden sostener y alentar la liberación de y la libertad para: la esperanza, la
confianza y la coherencia.
Muchas
gracias.
Mercedes
Navarro Puerto mc