COMUNIDAD ORGANIZACION AULAS PASTORAL EXTRAESCOLAR SECRETARIA

COMUNIDAD

Mercedarias
Fundacion
Casa de Santander

 

 

 

Comunidad Educativa

 Cristiana de la Merced

¿Quienes somos?

 

Una Comunidad Nueva (Claves de nuestro significado)

Somos una Comunidad Nueva cuyos rasgos clave de nuestro significado son 4:

        1º COMUNIDAD

        2º EDUCATIVA

        3º CRISTIANA

        4º DE LA MERCED

 

 

 

 

1. Comunidad

Somos una comunidad, un grupo de personas.

No estamos solos, no somos individuos aglutinados que van por libre, ni una mera suma de intereses particulares que se compaginan.

Estamos adheridos personalmente a una vocación común. Una vocación que configura toda nuestra vida. Una vinculación personal por la cual nos sentimos enviados a una misión compartida.

Muchas personas tienen como referencia a la comunidad en la medida que tienen la oportunidad de conocerla en más o menos profundidad, de vincularse a sus personas y de identificarse con su misión.

La pertenencia a la comunidad y los vínculos que nos unen son en primer lugar personales.  Vínculos nacidos desde la libertad, la gracia y la entrega personal, mas allá de roles, funciones, obligaciones, intereses o contratos.

La vinculación personal a la comunidad se siente desde distintas situaciones y estados: Profesores, alumnos, padres y familiares, religiosas mercedarias, personal no docente, amigos colaboradores, antiguos alumnos, antiguos profesores...  todos formamos la Comunidad.

Dentro de la comunidad las personas desempeñan distintas responsabilidades y tareas, dependiendo de su situación y la identificación que sienta con ella.

Todas y cada una de las personas necesitamos crecer en la Comunidad, llevando a plenitud nuestras respectivas vocaciones.  

Del mismo modo nuestra Comunidad también necesita crecer, profundizando cada vez más en nuestras relaciones de comunión y en nuestra misión. Pasando, sus miembros, progresivamente de ser favorecidos por la comunidad a cargar y encargarse de ella y de su misión.

Nuestra comunidad viene desde mucho tiempo atrás creciendo. Muchas personas han crecido, vivido y trabajado para entregárnosla como nosotros hoy la recibimos.

Nosotros también tenemos la responsabilidad de hacerla crecer para entregársela viva y sana a los que vendrán tras nosotros.

2. Educativa

La educación es una invitación a crecer como persona, unificando toda la persona hacia su sentido pleno. Crecer como persona recorriendo nuestra vocación y descubriendo la plena dignidad de cada persona humana.

Todos los miembros de la Comunidad tenemos una vocación común: somos educadores.

De formas distintas somos responsables de la misión de la comunidad creando, contribuyendo y favoreciendo el ámbito educativo. La educación es responsabilidad de la Comunidad y un compromiso personal de cada educador.

La fuerza educativa radica en la Comunidad. La educación es responsabilidad y obra de toda la Comunidad Educativa. Todas las personas que la formamos somos protagonistas y miembros activos en este compromiso educativo. Educamos y somos educados desde una Comunidad educativa que forma a las personas para la comunión y para llevar a plenitud nuestras respectivas vocaciones.

Todos necesitamos crecer en nuestra vocación de educadores. Todos necesitamos crecer como personas.

3. Cristiana

1.3.3.1 Jesús, el Maestro

1.3.3.2 Somos Iglesia (Madre y maestra)

Somos una Comunidad Educativa Cristiana. Pertenecemos a la Iglesia Católica. Concretamente estamos ubicados en la Diócesis de Santander.

3.1 Jesús, el Maestro

Nos se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea,  sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.

Jesús de Nazaret  plenitud de la persona, centro de cada corazón humano y sentido de toda nuestra comunidad. Es el único camino a recorrer si se quiere reconocer el hombre en su entera verdad.

La Buena Noticia del amor de Dios tiende a suscitar en el corazón y en la vida del hombre la conversión y la adhesión personal a Jesús que se consolida en el propósito y en la realización de una vida nueva según el Espíritu.

Dios nos convoca a ser hombres nuevos, comunidad de hombres libres. Liberado el Hombre Viejo cargado de esclavitudes, surge el Hombre Nuevo, libre para amar como Jesús nos ama.

Jesús, el  Maestro, nos enseña la vida según el amor de Dios. La vida vivida en plenitud, vivida en libertad, vivida para liberar el Amor. La Vida libre para amar.

En Dios encontramos al Padre que ama y educa a sus hijos. Les educa porque les ama. Dios es el primer y gran educador de su pueblo. Toda la  comunidad  que recibe esta gracia, se pone en camino para ser signo, símbolo, que encarne, aquí y ahora, el amor de Dios.

La obra educadora de Dios,  toca desde dentro el corazón de cada hombre gracias a la presencia dinámica del Espíritu, y se revela y cumple en Jesucristo, el Maestro de la Vida.

 

3.2 Somos Iglesia (Madre y maestra)

La Iglesia está llamada a tomar parte en la acción educadora de Dios. Como Comunidad Educativa Cristiana participamos en esta misma misión.

 

Vocación Bautismal. Llamados a la Santidad.

El bautismo es un nuevo nacimiento. Todos en la Iglesia compartimos la vocación común a la santidad, vocación que hunde sus raíces en el bautismo.

Toda la existencia del fiel laico tiene como objetivo el llevarlo a conocer la radical novedad cristiana que deriva del bautismo, con el fin de que pueda vivir sus compromisos bautismales según la vocación que ha recibido de Dios.

 

Vocación Laical. Llamados a Transformar el Mundo

Laicado adulto. Responsable, 

Durante mucho tiempo, entre los laicos de la iglesia, no se ha tenido una conciencia clara de que pueden tener alguna responsabilidad de construir la comunidad cristiana o anunciar a otros el evangelio, han sido cristianos sin vocación.  Los desafíos que abren el nuevo milenio para la iglesia reclaman el despertar de una nueva conciencia.

Los fieles laicos vivimos en el mundo implicados  en todas y cada una de las ocupaciones y trabajos del mundo y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social.

Vivimos nuestra vida normal en el mundo, estudiamos, trabajamos, establecemos relaciones de amistad, familiar, social, profesional, cultural... su condición no es exterior o ambiental sino una realidad destinada a obtener en Jesucristo la plenitud de su significado.

El mundo se convierte en el ámbito y medio de la Vocación Cristiana de los fieles laicos.

La particular vocación de

“buscar el reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios”

La vocación de los fieles laicos a la santidad implica que la vida según el espíritu se exprese particularmente en la inserción en las realidades temporales y en su participación en las actividades terrenas.

Ni la atención a la familia, ni otros deberes seculares deben ser algo ajeno a la orientación espiritual de la vida.

La unidad de la vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Debemos santificarnos en la vida profesional y social ordinaria y considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios.

Los fieles laicos debemos trabajar para que la salvación alcance cada día a todos los hombres.

 

Vocación Eclesial. Llamados a vivir en Comunidad

Todos los bautizados estamos llamados a vivir en comunidad. En primer lugar en nuestra familia, como iglesia domestica, y desde nuestra comunidad Parroquial y Diocesana, pero también en pequeños grupos de referencia, movimientos, comunidades...

Desde la libertad de asociación de los fieles laicos en la Iglesia, que deriva del bautismo, estamos todos llamados a participar activamente en la comunión y misión de la Iglesia.

Nosotros, desde nuestra propia iniciativa, discernimiento y responsabilidad, como fieles laicos adultos, asumimos la eclesialidad de nuestra Comunidad.

La comunidad vive y celebra la fe en común. Compartimos oración. La eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana,  personal y comunitaria. La Comunidad se encuentra en la mesa de la Eucaristía, banquete al que estamos todos convocados.

4. De la Merced

Maria, Nuestra Madre de la Merced

La educación mercedaria presenta a María como modelo de mujer pobre, libre, creyente y comprometida en la liberación de los hombres.

Madre de Jesús, y madre nuestra.

Madre de la esperanza y liberadora de los oprimidos.

 

Nuestro carisma: La Libertad

La propuesta educativa que ofrecemos, tiene su raíz en la acción educadora que Lutgarda Mas i Mateu y primeras compañeras, iniciaron en Barcelona el año 1860 como respuesta a la necesidad del momento.

De acuerdo con los signos de los tiempos, esta comunidad de hoy continuamos haciendo realidad el espíritu fundacional que nos descubre a Jesucristo en los cautivos de la ignorancia, de la falta de fe y de la injusticia.

 

“Redimir al hombre, cautivo de la ignorancia, promoviendo la acción educativa como una forma de liberación”

 

“ Redimir no solo del cautiverio del cuerpo sino también del espíritu siendo la ignorancia una de las causas de la esclavitud del alma”

(1º Constituciones 1862)

 

Nuestra MISION: LA EDUCACIÓN LIBERADORA

La Comunidad Educativa Cristiana de la Merced quiere ser símbolo ante Dios, ante la sociedad, ante las familias y ante cada persona del Amor liberador de Dios.

Amor que desde la libertad busca llevar a plenitud vital a las personas en sus respectivas vocaciones y en la comunión.

Amor que se hace vida en la educación, adheridos vitalmente a la persona de Jesús, plenitud del Hombre, en la Iglesia Católica como Maestra, y con Maria de la Merced como nuestra Madre.

Esta opción por la vida desde la Educación Liberadora no puede ser llevada adelante:

·         Sin educadores capaces de crecer personalmente en autonomía y en identidad en torno a las claves de nuestra comunidad.

·         Sin grupos de educadores en creciente cohesión y compromiso en torno a nuestra misión compartida. Compromisos que desemboquen en un estilo común de educar.

Somos  conscientes del carácter original, alternativo y exigente que supone hoy una opción como la nuestra. La realidad que afrontamos no es menos desafiante.

Entendemos el proyecto como un acto de esperanza, cuya construcción está llena de dificultades y de caminos aún por descubrir. Entonces y ahora queremos ser fieles a su espíritu fundacional y afrontamos esta comunidad nueva confiando, con Lutgarda, en que:

 

“Dios y nuestra Santísima Madre proveerán”